Las Jovenes Japonesas
SIEMPRE ANDAN juntas; en parejas es lo usual. Llevan trenzas en el pelo y visten ropa ajustada: pantalones patas de elefante, rebajados de la cintura; camiseta a rayas; chaqueta de acrílico. El rostro lleva maquillaje light. Brillo en las mejillas y en los párpados. Abusan de las bolsas con detalles bonitos, infantiles. Parecen muchachitas, pero son bastante mayores. Las chicas ¡Eee…? están en todas partes, pero se las encuentra con mayor frecuencia en las gelaterías, donde consumen helados de yogur, para no perder la línea.
En términos generales, podemos decir que se adscriben a la moda Reino Unido; la onda londinense viene pegando fuertemente en Japón desde hace un par de años y ha terminado de invadir las grandes ciudades con el estreno de la película Trainspotting. Los cines que pusieron la película se vieron inundados de chicas ¡Eee…?, quienes intentaban racionalizar —este verbo sobra—, muy a su manera, esa apología de la marginalidad de las sociedades europeas, o la exquisita decadencia de los imperios colonialistas. ¿Qué habrán entendido del filme? Habría sido interesante haberles pasado un cuestionario para que respondieran, aunque no dudo que lo hubieran dejado en blanco. Las chicas ¡Eee…? son así. Se hacen las ingenuas. Les encanta la iconología de los personajes de Disney, las caricaturas de animalitos, las mascotas y los motivos floreados. Son románticas y subliman sus pasiones juveniles mirando hombres mayores desde la complicidad de la multitud. Son de las chicas que siempre llevan cámaras desechables en la cartera, prestas a capturar el momento en que todas lucen más kawaii (bonitas). También acuden en hordas a las purinto gokko, unas máquinas fotográficas gigantes que imprimen sus retratos grupales en decenas de pequeñas pegatinas. Cada chica ¡Eee…? se queda con una de las reproducciones, la que se añade a la colección que conservan en preciosas y adorables agendas. Al ser interrogadas sobre su ideología, las chicas ¡Eee…? responden en silencio -su mejor aliado-, mirándose unas a otras; se sonríen y buscan entre sus pares alguna que les pueda traducir la impertinente pregunta. Luego voltean y con el índice señalan su nariz. “¿Yooo?”, inquieren. Cuando uno repite que sí, todas se miran unas a otras y exclaman “¡Eee…? Las chicas ¡Eee…? son las únicas que no se han enterado de nada de nada. Ni se enteraron que ya sabían respirar después que las parieron. No les importa. No leen semanarios como este, tampoco hojean los periódicos. La televisión se enciende sólo los lunes para sintonizar el programa Smap X Smap. Vaya uno a preguntarles algo de política internacional. No saben en qué planeta está Japón. Sin embargo, tienen una gracia inconfundible y preciada. Un don que las define y eleva a la máxima expresión de la sociedad japonesa posmoderna, y es que articulan con tanta emotividad, con tanta coquetería y falta de pasión ese hermosísimo y cándido “¡Eee…?”. Osaka, 25 de abril de 1997 http://www.nakamachi.com
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No la Peles
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